Jardín Yuyuan y rascacielos de Pudong
26 de diciembre de 2025
Finalmente el jetlag nos ataca sin piedad. Dormimos unas pocas horas hasta las 3 de la mañana y nos pusimos a ver series y hacer el blog hasta las 6 de la mañana que volvemos a dormir hasta las 11.
Lo primero al salir, siendo casi las 12, es ir a comer, porque ya pasamos del desayuno. Llevamos más de 18 horas sin comer y no compramos nada para tener en la habitación. Vamos a Nanjing Road, al sitio de al lado donde comimos ayer. Es como un mercado de puestos pequeños de comida y es más fácil elegir. Compartimos varios platos como rollitos de carne y zanahoria, dumplings de carne y cacahuete, pepino, arroz blanco que debajo escondía más carne y yo, como siempre, pido pescado y Xavi pato.
Salimos andando por El Bund, que es el barrio donde estamos, pero por el paseo del río, para ver los edificios de la época inglesa que actualmente son bancos o grandes empresas y disfrutar también del skyline de rascacielos de Pudong al otro lado del río. Caminando un buen rato llegamos hasta el antiguo barrio de Shanghai, con arquitectura de casas de madera que son todas comercios. Nos llamó la atención el museo del chocolate por sus enormes figuras de animales en la entrada, todos hechos de chocolate. Es un museo simple con textos en chino y muestras de semillas y frutos de cacao. Al final es una trampa para turistas porque lo más grande es la tienda con chocolates casi a precios de Suiza. Compartimos un helado de chocolate y seguimos recorriendo el lugar. Entramos al Templo De Dios, del año 1403 y dedicado a tres dioses taoístas.
Muy cerca de allí encontramos el puente en zigzag que te lleva hasta el jardín Yuyuan. Una fusión de arquitectura clásica china y jardines de piedras y lagos. Es un poco laberíntico y seguro nos olvidamos de visitar algún lugar, aunque estuvimos una hora recorriéndolo.
Salimos del barrio y cogimos un Didi, el Uber chino, hasta el barrio de Pudong, para ver la torre de Shanghai, con 632 metros de altura, la segunda o tercera más alta del mundo según donde lo leas y la más alta de China. Subimos hasta el mirador de la planta 118, en el ascensor más rápido del mundo. Era el atardecer y las vistas de toda la ciudad eran espectaculares. Casi al lado está la torre del centro financiero a la que llaman abrebotellas por su forma y la torre Jin Mao, que aunque son rascacielos se ven pequeños desde nuestra altura.
Subimos a la planta 126 pensando que sería otro mirador, pero es una exposición de la construcción y un espectáculo de luces en el pináculo. Volvemos a la planta 118 pues ya es de noche y las vistas de la ciudad iluminada son preciosas. Después de dos horas de visita hacemos una cola de 10 minutos para bajar en el ascensor.
Ya es hora de cenar y aprovechamos que en el sótano del edificio hay restaurantes. Elegimos uno de comida taiwanesa. Xavi se pide carne, que viene con ensalada, sopa y arroz y yo me pido pollo frito. Me termino comiendo la ensalada, un poco de arroz y sopa.
Recorremos el barrio financiero y entramos a un centro comercial buscando una tienda para comprar baterías pues nuestro móviles están bajos de carga y es imprescindible en China estar conectados. El centro comercial resultó ser demasiado lujoso con tiendas de grandes marcas. Caminamos hasta la torre de la Perla y encontramos otro centro comercial con una publicidad de Xiaomi, pero por más que buscamos la tienda no la encontramos. Había un Miniso así que allí compramos la batería. Entramos en una cafetería que decían era futurista pero en realidad solo tenía un poco de decoración y dulces agotados.
Fuimos en dirección al río a ver si podíamos cruzarlo en barco, pero ya era muy tarde, así que paseamos un rato viendo como los jóvenes se hacen fotos y suben tiktoks. Queríamos coger un Didi y sin quererlo encontramos la entrada al túnel panorámico del Bund. Faltaba media hora para cerrar pero pudimos comprar la entrada. Es una cabina sobre rieles que atraviesa el río y va haciendo un espectáculo de luces y sonidos. Fue una experiencia diferente, más pensada para niños pero a nosotros nos encantó y nos llevó de vuelta a nuestra orilla.
Xavi quería comer unos pinchos de cordero, así que entramos al sitio de los puestos de comida de la calle Nanjin. Antes de entrar al hotel pasamos por un Family Mart, una pequeña tienda que vende de todo y compramos algo de picar y beber.
Cerca de las 11 de la noche volvimos al hotel.

















































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