Volando a Shenzhen

30 de diciembre de 2025

Llegamos a Shenzhen cerca de las dos de la mañana. El vuelo fue tranquilo y nos dieron de comer dulces y yogur.  Yo lo guardé para desayunar pues no tenía nada de hambre. 

El aeropuerto es inmenso y muy bonito. Caminamos un buen rato hasta la zona de recogida de maletas. Por suerte salieron muy rápido. Fue curioso ver que tienes una cámara donde puedes ver como cargan las maletas en la cinta y hay que decir que las tratan muy bien. 

Fuimos a la zona de taxis y cogimos uno hacia el hotel. Sin tráfico tardamos un poco más de media hora. Nos registramos rápidamente y subimos a la última planta, la décima, donde está nuestra habitación. 

Solo entrar vimos como se cerraban las cortinas automáticamente y se encendían las luces. Imaginaba la habitación más grande, pero igualmente tiene todo lo que necesitamos. Aquí no hay que dejar cartel de “no molestar” en la puerta, pues hay un panel en la entrada donde decides, si quieres que no te molesten, que hagan la habitación o que te vas del hotel, y esta información sale en la parte de afuera en una pantalla. Tonterías tecnológicas que me gustan. Desde mi lado de la cama puedo poner varios modos de luces: modo lectura, modo TV, modo sueño o apagar todo. Desde el lado de Xavi se controlan las dos cortinas, las opacas y las traslúcidas y también el reproductor de música. 

Nos fuimos a dormir a las cuatro de la mañana y nos despertó la camarera a la una de la tarde. Tenemos todo un ventanal en la pared con vistas a los rascacielos. Eso nos motivó para salir lo más pronto posible a explorar la ciudad. 

Lo más cercano que tenía marcado en el mapa era el Coco Park, un centro comercial. El paseo por las calles no nos gustó mucho, pero siempre nos pasa al llegar a una ciudad. Hay motos por las aceras que nos ponen de los nervios porque te pueden atropellar en cualquier momento. Incluso suben por las rampas de los cruces elevados de peatones. No te libras de ellas en ningún lugar. Atravesamos una feria de exposiciones, siguiendo las indicaciones del mapa, por la zona de carga y de ajetreo de operarios. No teníamos muy claro a dónde llegaríamos pero seguimos adelante. Atravesamos un centro comercial sin entrar a las tiendas, y encontramos un parque con una cafetería para mascotas, o para sus dueños que eran los que en realidad consumían. Finalmente logramos bajar a la avenida y llegar al Coco park.  No se porque recomiendan visitar este lugar pues es un sitio de tiendas y restaurantes sin más. Como eran las cuatro de la tarde nos sentamos a comer en un lugar que había pato y pescado. Aquí nadie nos habla en inglés y me tengo que poner los AirPods para que me traduzcan. Finalmente entendemos que hay que pedir por el QR de la mesa a través de Wechat que es una app que apenas usamos porque está en chino. Logramos pedir la comida, que estaba muy buena. 

Xavi propuso coger el metro para explorar, así que entramos en la primera estación que vimos. Compramos los billetes hacia la estación de Museo de ciencias, por 6 yuanes los dos. Nos dan dos monedas de plástico en vez de tickets. Pasamos el escáner de personas y equipajes que hay en todos los metros de China y entramos al metro. La moneda se acerca al torno y entras, pero hay que guardarla hasta la salida. 

Nos dimos cuenta que eran las seis de la tarde, hora punta del metro, por la cantidad de personas que nos rodearon de pronto. Subimos al metro o más bien nos subieron a empujones. Por suerte eran cuatro paradas. 

Salimos buscando el museo de ciencia y cuando finalmente lo encontramos no parecía que estuviera operativo, pues había fotos por fuera de otra edificación más moderna. Volvemos al metro para ir a la siguiente estación que llaman el Ojo de Shenzhen. Una enorme estación donde confluyen 5 líneas de metro, con una decoración futurista y una claraboya en el techo con forma circular por donde pasa la luz del sol y que le da el nombre de ojo. 

Hay más de 15 salidas de la estación y buscando la nuestra encontramos una zona con experiencias de realidad virtual. Entramos a una que duraba media hora. No hay necesidad de usar gafas pues las pantallas te rodean para una experiencia en 3D. Nos encantó aunque casi al final me maree un poco. La idea es que vas en una nave espacial y atraviesas varios mundos fantásticos hasta llegar a la tierra donde te muestran monumentos y ciudades como París, Roma, la selva africana, Brasil, las cataratas del Niágara, etc. 

Al salir a la calle nos encontramos entre rascacielos y justo frente a la torre Ping An que es un centro financiero. Queríamos subir al mirador pero nos dijeron que la visibilidad no era buena, así que lo dejamos para otro día. 

Desde allí fuimos a la tienda KKV que vende un poco de todo, pero yo quería comprar mascarillas de cuidado facial. Era una tienda enorme en la que, según Xavi, estuve 45 minutos, pues él se quedó fuera. La verdad había mucho que mirar y me centré en las mascarillas porque tenía miedo que cerraran. 

Ya eran pasadas las 9 de la noche y aprovechamos para cenar en el mismo centro comercial. Elegimos uno que tuviera pinchos de cordero y pollo.  También había que pedir por QR pero en Alipay que está traducido al español. Pensé que me había pedido solo un filete de pollo rebozado y un huevo marinado, pero me trajeron un plato enorme de arroz con carne y vegetales encurtidos que estaba buenísimo. Los pinchos de Xavi resultaron ser minúsculos, así que terminó comiéndose mi pollo. Tuvimos que comer de prisa pues a las 10 cerraban el lugar y empezaron a apagarse las luces del centro comercial. Nos costó encontrar una salida que estuviera abierta. 

Caminamos hacia el metro pero, también encontramos las entradas cerradas. Se ve que algunas líneas terminan a las 10 y otras a las 11 de la noche. Por suerte Didi siempre nos salva y volvemos al hotel en Taxi. 

Hoy ha sido día de exploración, mañana nos planificaremos mejor e investigaremos que se hace aquí por fin de año. 



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