Distrito de Futian, Dongmen Street
3 de enero de 2026
Nuestro último día en China. Dejamos las maletas en el hotel y salimos a caminar para explorar los alrededores. Aquí las calles no son tan bonitas y se puede ver la rutina de los chinos en sus tiendas, sus negocios de reparación de cualquier cosa, los edificios están tan pegados que se tocan los balcones, esta es la Shenzhen de siempre y no la futurista que se está construyendo ahora. Hacemos el mismo camino que el primer día, ya somos expertos esquivando motos, y atravesamos sin problemas el centro de convenciones. Justamente había una feria de comercio y entramos a mirar lo que vendían. Había desde ropa, animales, comida hasta medicinas de toda Asia. Aprovechamos para comprar medicinas para el dolor para mi madre.
Llegamos a un centro comercial y aprovechamos para comer, pues aún estamos en ayunas. Ya es la tercera vez que elegimos restaurante japonés en el viaje, y este en particular estuvo espectacular. Xavi se pidió una carne que terminaron de cocinar delante nuestro, yo me pedí una ensalada de salmón muy buena.
Seguimos recorriendo la zona de Futian, que es el centro de la ciudad, y no paran de aparecer centros comerciales uno tras otro. Todavía hay pequeños mercadillos navideños y está todo lleno de familias. Tomamos el postre en otra cafetería de la zona de Ganxian y cerca de las 5 de la tarde decidimos ir a la calle peatonal Dongmen.
Al salir del metro te encuentras con unas galerías llenas de tiendas de ropa muy barata, apenas hay espacio para caminar y finalmente encontramos la salida de la estación. Afuera las calles están llenas de tiendas con vendedores gritando para que entres. Es un lugar muy ruidoso, nada comparado a los centros comerciales, aquí vienen los chinos a hacer las verdaderas compras baratas. Por todas las calles hay venta de comida callejera, maletas, zapatos, como un gran bazar. Estuvimos más de una hora…
justo escribiendo esto en el aeropuerto de Dubai me doy cuenta que la hora del iPad y del reloj no se habían actualizado. Miramos el reloj de la puerta donde estábamos sentados y eran las 8 y el vuelo salía a las 8:15, corremos a la puerta de embarque y … eso es otra historia y otro día.
En fin que de aquellas calles del barrio de Dongmen volvimos al hotel en metro, recogimos las maletas y pedimos un Didi al aeropuerto. En resumen nos ha encantado esta ciudad, con sus contrastes de siglo XX y siglo XI. Habrá que volver en 10 años a ver la evolución.
El vuelo salió puntual y casi fuimos los últimos en subir, no sabemos porque Emirates comienza el embarque una hora antes y luego estamos dentro del avión más de media hora sin salir. El vuelo se hizo corto, nos dieron dos comidas, una tipo desayuno y otra comida casi al aterrizar. Dormimos bastante y llegamos a Dubái a las 5:30 de la mañana.


















































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